lunes 12 de septiembre de 2011

c a r t a

gofata indenciaria de mi vida:
no doy más con esta distancia de a veces diez horas infinitas. ocho horas eternas. cinco horas elásticas que se dejan estar entre la primera luz de la mañana hasta la última de la tarde. no sabe cuánto desasosiego siento al perder tanto tiempo cuando duermo y yo sin poder encontrar un trozo de cólera que levante mis pestañas. y usted que tiene entre sus ropajes esa bendita costumbre de dejarse llevar por morfeo, aunque sabe también que la belleza le abunda sobre sus párpados cerrados y esas líneas delgadas que dibujan su rostro quieto.
ya tendré un trabajo de mi entera satisfacción para mi aun más satisfactoria necesidad consumada de estar con usted el tiempo que mi corazón anhela y mi cuerpo también, no puedo negarlo. es que usted tiene una bandada efluvial que me arranca de mis clases y me trae de vuelta a su sonrisa de colibra, de zarigüeya, de pez, de hipocampo, de animalito raro lleno de almíbar, lleno de colores.

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